Llega el amor.
Las fantasías a las tantas de la madrugada, los cafés con doble de azúcar y guiños en el desayuno…La envidia al espejo por verte todos los días, los abrazos interminables, las marcas de beso indestructibles, las palabras de cariño inexplicables, la perspicacia de tu mirada y la inocencia de la mia… la calma y la arrogancia de dormir en camas separadas. Y es que quien lo siente lo sabe.
El amor llega… y se va el amor.
El silencio. Las manos unas sobre otras, calentando un amor cuerdo e inmaduro a la espera de un mínimo roce de labios. Las sábanas y el olor que queda a tabaco con la humareda en la habitación. Los paseos, las risas y las miradas de la gente cuando pasas desapercibido por delante de un banco en cualquier parque. La angustia de no saber que hacer cuando no estés o simplemente te vayas.
Se va el amor.
La adrenalina y la frustración mezcladas en la sangre. Las lágrimas en la almohada del lado izquierdo de la cama y las cenizas de las fotos que quemaste sin compasión. La rabia acumulada y la impotencia que te supone no poder echarle nada en cara. Ni insultos, ni besos, todo se fue con él y con el tiempo.
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