Estaría aquí, delante de mi puerta, deseando tiernamente que se abra, suene tu voz y me ilumine tu sonrisa. Que me traigas flores, amarillas a lo mejor, o quizás, claveles rosas que sabes que me encantan. Las pondría en ese florero azul que tengo en la cocina, al lado de la ventana. Cenaríamos, y me contarías que tal tu vida, y de postre me pondrías un mi cuenco verde helado de yogurt recién sacado del congelador, porque sabrías donde está todo. Me invitarías al salón a ver una película, Cometas en el cielo seguramente, que es mi preferida. Abrazadita a ti en el sofá rojo del salón, mi cabeza sobre tu pecho, y tus labios en mi frente. La despedida sería de lo más tierna, porque tú volverías, claro que lo harías. Me susurrarías te quiero, saldrías por la puerta y te sonreiría mientras esperas al ascensor. Esa noche recibiría un mensaje deseándome buena noche y que soñase contigo.
Y de repente, me despierto. Tú no estás. Yo no soy yo. Y la vida se me viene encima.
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