Odio no verle. Odio no poder verle ni 5 minutos al día. Odio mi cama vacía, odio que no se me pegue su perfume en el cuello de la chaqueta, odio mi casa cuando él no está. Odio no pensar en él, por eso lo hago a cualquier hora del día. Porque solo hace falta que me deje de tocar para volver a echarle de menos. Odio estar tranquila, porque cuando estoy con él, todo mi cuerpo se vuelve nervioso de repente. Y es que odio cuando se pone serio y que lleve capucha. Y odio que los abrazos se acaben cuando se tiene que marchar...
Diez.
Ni uno más, ni uno menos.
Solo diez.
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