-¡Simón! Que alegría, no esperaba que vinieras - fueron sus palabras de bienvenida.
- Felicidades Blanca - intenté no parecer nervioso, pero era obvio que lo estaba.
Blanca era ese tipo de personas a las que llamas cuando el mundo se te viene encima, de esas que siempre que hablas con ellas parecen que no existen los problemas y que tienen una solución para todo. Siempre me había preguntado que habría hecho ella cuando estubiera triste, y hace dos semanas lo descubrí. Fue algo extraño, no era ni por asomo un problema semejante a los típicos míos. No era siquiera un problema. No podía describirse con palabras. Pero lo verdaderamente extraño, es que Blanca nunca me habló de ello como algo malo, es más, decía que era una nueva época de su vida, y que quizás Dios le estaba tendiendo una prueba para superar. Parecía no tener miedo. Y lo peor, es que ese miedo se había acumulado en mí. ¿Vivir sin Blanca? Eso es impensable para mí. Necesitaba a Blanca más que al aire que respiro. Pero eso ella aún no lo sabe.
T.
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