Entre casi a hurtadillas en el café y me senté en una mesa a solo cuatro metros de ellas. Antes de decidir como proceder, quería contemplarla, disfrutar de la vision de lo inexplicable. Creía que no me había visto, pero de repente levantó la vista del libro que estaba leyendo y me miró fijamente a los ojos. Me pillo infraganti, porque seguro que se dio cuenta de que llevaba un buen rato mirandola. Me dedico una calida sonrisa, y esa sonrisa, podria haber derretido el mundo entero, porque si el mundo entero lo hubiera visto, ella habria tenido la fuerza suficiente para acabar con todas las guerras del mundo. Durante unos segundos nos quedamos mirandonos fijamente. Me quede pasmado, pensando en ese tiempo cuando nos encantaba jugar a que eramos dos ardillas juguetonas.
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